El compositor firma la Sinfonía n.º 5, escrita para conmemorar el 25.º aniversario de la Joven Banda Sinfónica de la FSMCV y estrenada durante su gira de 2026
¿Cómo fue para usted recibir este encargo para una formación tan genuina dentro del panorama bandístico valenciano por su composición: jóvenes llegados de todas las sociedades musicales de la Comunitat?
Recibir este encargo ha supuesto para mí un inmenso honor y una profunda emoción. Coincide, además, con una circunstancia muy especial: se cumplen veinticinco años de la creación de la Joven Banda Sinfónica de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana y, al mismo tiempo, veinticinco años desde que compuse mi Sinfonía n.º 2, La Pasión de Cristo, una obra que ha marcado un antes y un después en mi trayectoria como compositor.
La Pasión de Cristo ha recorrido el mundo durante este cuarto de siglo y, según la crítica especializada, ha supuesto un punto de inflexión en la literatura sinfónica para banda. Por eso, recibir ahora el encargo de escribir una nueva sinfonía para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de esta extraordinaria formación tiene para mí un significado muy especial, casi como si la historia cerrara un hermoso círculo.
Así nació mi Sinfonía n.º 5, La creación, una obra estructurada en siete movimientos que describe el origen del mundo inspirado en el relato bíblico del Génesis. Es una partitura concebida para emocionar, para hacer reflexionar y para mostrar todas las posibilidades expresivas de una banda sinfónica.
Pero, por encima de todo, me llena de ilusión que sean precisamente jóvenes músicos, procedentes de las sociedades musicales de toda la Comunitat Valenciana, quienes den vida a esta obra. Ellos representan el presente y, sobre todo, el futuro de nuestra tradición bandística. Verlos compartir escenario, convivir, aprender unos de otros y emocionarse haciendo música convierte este proyecto en algo mucho más grande que un estreno: es una celebración de la cultura, del talento y de los valores que siempre han definido a nuestras sociedades musicales.
Cuando asistí a los ensayos, los recuerdos afloraron de inmediato. Hace veinticinco años tuve el privilegio de ser el primer director de esta joven formación y de preparar con ellos La Pasión de Cristo. Volver ahora, desde la perspectiva del compositor, y escuchar cómo estos nuevos jóvenes músicos daban vida a La creación ha sido una experiencia profundamente emocionante.
Solo puedo expresar mi más sincero agradecimiento a la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana por la confianza depositada en mí y por brindarme la oportunidad de escribir esta quinta sinfonía para una ocasión tan significativa. Estoy convencido de que esta obra quedará unida para siempre a la historia de una formación que representa la excelencia, la ilusión y el futuro de la música de banda.
Háblenos un poco de The Creation. Nos cuenta los 7 días de creación del universo según la Biblia. ¿Cómo describiría esta gran sinfonía?
La creación es una obra profundamente descriptiva, pero, sobre todo, profundamente emocional. No pretende únicamente narrar los siete días de la Creación según el relato bíblico, sino hacer que el oyente los viva desde dentro. Mi intención ha sido transformar cada uno de esos momentos en sensaciones, colores, atmósferas y emociones que la música puede expresar de una forma que las palabras nunca alcanzarían.
La sinfonía está concebida como un único gran arco musical dividido en siete movimientos que se interpretan sin interrupción. De este modo, la obra fluye de forma continua, como lo hace la propia creación de la vida: desde el vacío absoluto hasta la plenitud del universo. Cada movimiento posee su propia personalidad, su propio lenguaje sonoro y su propia identidad, pero todos forman parte de un mismo viaje.
El recorrido comienza con la aparición de la luz, símbolo del nacimiento de toda existencia, y continúa con la formación del cielo, los mares y la tierra. Poco a poco, la música va adquiriendo mayor riqueza, como si el propio universo fuera cobrando forma ante nuestros oídos. La naturaleza florece, el cosmos encuentra su equilibrio con el sol, la luna y las estrellas, y la vida despierta primero en las aguas y en el cielo para culminar con la aparición de los animales y del ser humano.
El sexto movimiento representa el gran clímax de la sinfonía. Es el momento en el que el hombre aparece como culminación de la creación, no solo como un ser físico, sino como un ser capaz de pensar, sentir, amar, crear… y también de hacer música. A partir de ahí, la tensión se transforma en paz hasta llegar al séptimo movimiento, donde el descanso simboliza la perfección de una obra concluida y la serenidad que sigue a un inmenso acto creador.
Musicalmente, he querido que la banda sinfónica despliegue toda su capacidad expresiva, utilizando una paleta de colores orquestales muy amplia. Hay momentos de enorme fuerza y brillantez, otros de delicadeza casi etérea, pasajes de gran lirismo y otros de extraordinaria energía. Cada sección de la banda tiene un protagonismo especial, porque la creación no puede entenderse desde una única voz, sino desde la unión de muchas voces que construyen un todo.
Pero, más allá de su argumento, La creación es también una metáfora. Habla del origen de la vida, pero también del nacimiento de las ideas, de los sueños y del arte. Habla de cómo, a partir del silencio, puede surgir la belleza. Y creo que no existe mejor manera de celebrar el 25.º aniversario de la Joven Banda Sinfónica de la Federación que con una obra que simboliza precisamente eso: el nacimiento, el crecimiento, la ilusión y el futuro. Porque estos jóvenes músicos representan la continuidad de una tradición musical única en el mundo y, al mismo tiempo, la esperanza de todo lo que está aún por crear.
¿Cuál fue el punto de partida creativo y cómo se traduce ese concepto en el desarrollo de la obra?
El punto de partida creativo fue precisamente la idea de crear. Quise afrontar este encargo desde su significado más profundo: el origen de todo. Me pareció que no podía haber una mejor metáfora para celebrar el 25.º aniversario de la Joven Banda Sinfónica de la Federación que una obra que hablara del nacimiento de la vida, del comienzo del universo y de cómo, a partir del vacío, surge un mundo lleno de luz, de belleza y de esperanza.
Desde el primer momento concebí la sinfonía como un viaje continuo, sin interrupciones, en el que cada movimiento nace del anterior de manera natural, igual que cada etapa de la Creación conduce inevitablemente a la siguiente. Mi objetivo no era únicamente ilustrar el relato bíblico, sino construir un gran discurso musical en el que la emoción fuese creciendo progresivamente hasta alcanzar un clímax que desembocara en una sensación de plenitud y serenidad.
También quise que la obra simbolizara el propio espíritu de la Joven Banda Sinfónica. Del mismo modo que la Creación representa el nacimiento de un mundo nuevo, esta formación reúne cada año a jóvenes músicos procedentes de todas las sociedades musicales de la Comunitat Valenciana para crear algo extraordinario juntos. Esa idea de unión, de crecimiento y de construcción colectiva está presente en toda la partitura.
Y hay un detalle muy especial que he querido reservar para el final de la sinfonía. He incluido un pequeño guiño musical a “La Passió de Crist”, la Sinfonía n.º 2 que compuse hace ahora veinticinco años, coincidiendo precisamente con el nacimiento de esta joven banda. El desenlace de ambas obras guarda una clara semejanza, como un homenaje a aquel momento que marcó el inicio de esta historia compartida. Es una forma de unir el pasado con el presente, de recordar de dónde venimos y de mostrar cómo, veinticinco años después, ese mismo espíritu sigue vivo. Para mí, ese guiño convierte el final de La creación en un cierre profundamente simbólico y muy emotivo, como si la música abrazara su propia historia.
Y, quién sabe, quizá dentro de otros veinticinco años la historia vuelva a brindarme un momento tan especial como este. Sería un inmenso honor poder escribir una nueva sinfonía para conmemorar el 50.º aniversario de la Joven Banda Sinfónica de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana y dar continuidad a este hermoso hilo musical que comenzó hace veinticinco años con La Pasión de Cristo, que hoy continúa con La creación y que, ojalá, pueda seguir escribiendo nuevas páginas en el futuro. Porque la música, como la propia vida, no entiende de finales, sino de continuidad, de legado y de nuevas generaciones que mantienen viva una misma ilusión.
¿Qué retos plantea The Creation a los jóvenes músicos de la Joven Banda Sinfónica y qué espera que esta experiencia deje tanto en ellos como en el público que asistirá al estreno?
La creación es, sin duda, una de las obras más exigentes que he escrito para banda sinfónica. Requiere un nivel técnico muy elevado, una enorme madurez musical y, sobre todo, una gran capacidad para transmitir emoción. No basta con interpretar las notas; hay que comprender el sentido de cada pasaje y convertir la música en un auténtico relato sonoro.
He querido que todos los instrumentos tengan un papel protagonista. A lo largo de la sinfonía aparecen importantes intervenciones solistas del clarinete bajo, la flauta, la trompa, la trompeta, el clarinete y, por supuesto, una sección de percusión de gran protagonismo. Cada familia instrumental tiene momentos de máxima responsabilidad y de gran dificultad, porque mi intención era que todos los músicos sintieran que forman parte esencial de esta gran historia. En una obra como esta no hay papeles secundarios: cada instrumento aporta un color indispensable para completar el gran lienzo sonoro de la Creación.
Pero, más allá del reto interpretativo, deseo que esta experiencia permanezca en la memoria de estos jóvenes durante toda su vida. Lo digo porque a mí me ocurre constantemente. En mis conciertos y giras por todo el mundo sigo encontrándome con músicos que, veinticinco años después, se acercan emocionados para decirme: «Yo estuve en el estreno de La Pasión de Cristocon la Joven Banda Sinfónica de la Federación». Escuchar esas palabras es uno de los mayores regalos que puede recibir un compositor. Significa que aquella experiencia dejó una huella imborrable en ellos y, al mismo tiempo, es una fuente de inspiración que me anima a seguir componiendo y creando nuevas obras.
Además, La Pasión de Cristo ha recorrido los cinco continentes y se ha convertido en una de las sinfonías para banda más interpretadas internacionalmente. Hay un detalle que me llena especialmente de orgullo: en cada una de esas interpretaciones viaja también el nombre de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana. Hace veinticinco años me propusieron escribir una obra emblemática, concebida para una gran banda de alrededor de ciento cincuenta músicos, y de aquel encargo nació una sinfonía que hoy sigue sonando en auditorios de todo el mundo. En cada partitura figura que fue un encargo de la Federación, y eso ha contribuido a proyectar internacionalmente el extraordinario modelo musical valenciano y el inmenso trabajo que realizan nuestras sociedades musicales. Me emociona pensar que La creación pueda seguir ese mismo camino y convertirse también en una embajadora de nuestra música, de nuestra cultura y de la excelencia de las bandas de la Comunitat Valenciana.