“Queríamos que la música siguiera sonando entre las viñetas” Esteban Hernández y Javier Marquina explican cómo nació El bombardino que nunca dejó de sonar, el tercer cómic de la FSMCV.
Contar la recuperación de las sociedades musicales tras la DANA suponía enfrentarse a un reto narrativo y emocional poco habitual. ¿Cómo representar una tragedia todavía reciente? ¿Cómo dibujar la música en un medio silencioso como el cómic? ¿Y cómo hacerlo sin perder de vista la esperanza?
De esas preguntas nació El bombardino que nunca dejó de sonar, el tercer volumen de la colección Las sociedades musicales en clave de cómic, realizado por el dibujante Esteban Hernández y el guionista Javier Marquina. Hablamos con ambos autores sobre el proceso creativo de una obra que convierte un instrumento en el hilo conductor de una historia de resiliencia.
¿Qué fue lo primero que os planteasteis al empezar este proyecto?
Javier Marquina: Lo primero fue entender bien el universo de las sociedades musicales. Sabía la importancia que tiene la música en la Comunitat Valenciana, pero necesitaba profundizar en cómo funcionan las bandas y la Federación. La documentación fue esencial y los dos cómics anteriores de la colección me sirvieron de guía e inspiración.
Esteban Hernández: Yo llegaba desde otro lugar. Llevo muchos años tocando la batería y la música forma parte de mi vida, así que me resultó natural acercarme a este proyecto. Durante la documentación descubrí muchos detalles sobre instrumentos y sobre el funcionamiento de las bandas que desconocía.
¿Cómo fue trabajar junto a la FSMCV?
Javier Marquina: Fundamental. Nos ayudaron en todo momento, especialmente en cuestiones técnicas relacionadas con los instrumentos y la realidad de las sociedades musicales. Sin ese acompañamiento habría sido imposible hacer un cómic tan preciso.
Esteban Hernández: Yo siempre digo que no hemos trabajado para la Federación, sino con la Federación. Todo el mundo estaba muy implicado y eso hizo que el proceso fuera muy enriquecedor.
La historia aborda una tragedia muy reciente. ¿Cómo se afronta un tema así?
Javier Marquina: Con muchísimo respeto. Era imposible no ser consciente de la responsabilidad que suponía contar una historia tan cercana para muchas personas. Todos tenemos amigos o conocidos que vivieron la DANA muy de cerca.
Nuestro objetivo era recorrer un camino emocional que fuera desde el miedo y la desolación hasta la esperanza. Esa transición es, probablemente, la parte de la que me siento más satisfecho.
¿Y desde el punto de vista del dibujo?
Esteban Hernández: El mayor reto era representar la parte emocional. La tragedia fue enorme y había que transmitir ese dolor sin caer en el exceso.
Después llegaba otro desafío: mostrar cómo la música ayuda a reconstruir todo aquello. El cómic habla de colaboración, de solidaridad y de personas que vuelven a levantarse gracias también a la música.
¿Cómo se dibuja la música en un medio donde no se puede escuchar?
Esteban Hernández: Esa es una de las paradojas más bonitas del proyecto. El cómic es un lenguaje esencialmente mudo y, sin embargo, aquí la música está presente continuamente. Había que conseguir que el lector pudiera sentirla a través de las imágenes, del ritmo de las viñetas y de las emociones de los personajes.
¿Por qué elegir precisamente un bombardino como protagonista?
Javier Marquina: Porque necesitábamos un elemento que uniera generaciones. El bombardino pasa de un músico veterano a un joven intérprete y acaba representando mucho más que un instrumento: simboliza la memoria, el relevo y todo aquello que permanece incluso después de los momentos más difíciles.
¿Qué escena fue la más difícil de construir?
Javier Marquina: La secuencia de la DANA. Teníamos muy pocas páginas para condensar una tragedia inmensa y, al mismo tiempo, toda la ola de solidaridad que vino después.
Narrativamente fue un ejercicio muy complejo de síntesis.
¿Y cuál os emociona más del resultado final?
Javier Marquina: Sin duda, el paso de la desolación a la esperanza.
Esteban Hernández: Para mí, comprobar cómo el cómic consigue transmitir que la música nunca desaparece del todo. Incluso cuando todo parece haberse detenido, sigue habiendo personas dispuestas a hacerla sonar de nuevo.
Este es el tercer volumen de la colección y también el más extenso. ¿Qué os permitió ese formato?
Javier Marquina: Nos dio espacio para desarrollar mejor a los personajes y para contar con más profundidad el proceso de reconstrucción de las sociedades musicales. Queríamos que el lector entendiera que recuperar una banda significa mucho más que recuperar unos instrumentos: significa reconstruir una comunidad.
Después de todo el proceso, ¿con qué os quedáis?
Esteban Hernández: Con la sensación de haber participado, de alguna manera, en aquel espíritu de colaboración que surgió tras la DANA.
Javier Marquina: Y con la idea de que esta historia habla de música, pero sobre todo habla de personas. Porque, al final, son ellas las que hacen que la música nunca deje de sonar.